Inspiración repentida
[Septiembre 2013]
¿Quién tiene estas cosas que ando buscando para mí? No son hombres, ni mujeres, ni son viajes, ni son joyas, no son nada porque ya estoy en la senda de lo perdido. ¿Qué sentido tiene el nuevo, si el viejo no está ahí?
¿Quién tiene estas cosas que ando buscando para mí? No son hombres, ni mujeres, ni son viajes, ni son joyas, no son nada porque ya estoy en la senda de lo perdido. ¿Qué sentido tiene el nuevo, si el viejo no está ahí?
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Este único camino que puedo recorrer tiene bien marcados los límites de lo humano para llegar a lo intangible, hacerse uno con el todo, deshacerse todo poco a poco.
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Todo eso que me cuesta de manera fingida y real, verdaderamente ajeno a las ganas de bailar... ¿dónde está la llave? Ya no tiene solución: está en el estómado de un león sigiloso y muy astuto, tan repudiado como admirado en el negro pueblo de vampiros que se beben entre sí, matándose en un abrazo infinito e inexplicable.
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Cada vez una esperanza, cada vez una daga envenenada, y el fingir que ya me cansa duerme en la puerta de la soledad.
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Esos entornos disjuntos que se cruzan como si no, fríamente calculado pero de manera innane. Basta de planos, nada va acambiar. Al final del túnel nisiquiera hay un libro, mucho menos la primavera donde florecen las flores del mal que no me atrevo a investigar.
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No quería pero quise, cómo hizo lo que quiso? Quiero su poder para usarlo contra él.
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Esa sonrisa caminante, mentirosa, segura pero fingida, ávida y miedosa, no oses a exponerla: está reservala a los demás. Ella persigue, insiste, finge y repite, pero sobre todo yerra. Nunca va a lograrlo, yo lo sé. Lo sabrá ella? Basta, fuiste nada.
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Quiero ser tan esperada como fuiste. Por qué no abrís la puerta que supe abrir yo? En el abismo de la desesperación espero la estrategia ganadora de un juego de información imperfecta. Pobre ilusa! Nunca voy a poder ganarte, sos el jugador más cruel y despiadado, dónde aprendiste esos movimientos satánicos? Necesito volver a ese baile incierno, en una pista sin límites, sin mesas al rededor, sin tandas, pero con ritmo constante y frenético. Estaba tan cerca, ahora sólo queda la desesperación de lo inconcluso.

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